Federico Bedrune, periodista gráfico y radiofónico (locutor del ISER), se desempeñó en emisoras, así como en diarios y agencias de noticias, de la Capital Federal. Fue cronista acreditado en la Casa Rosada y, en distintas épocas, en el congreso de la Nación. Produjo periodísticamente diversos programas de radio. En otros, ejerció el humor: personalmente o aportando libretos de lo más chistosos (sólo recordarlos promueve a troche y moche sonoras carcajadas en las multitudes desanimadas). Si lo dejan, el señor Bedrune seguirá enriqueciendo su curriculum.
-Ahora sí que voy a poder estar a mis anchas. Vos, en la Casa de Gobierno; yo, con todas las habitaciones de esta residencia a mi disposición; sin necesidad de madrugar; el silencio de este parque para poder pensar y trabajar en lo que siento que más me reclama la historia: la creación de ese monopolio político que vengo imaginando desde hace tanto tiempo… ¿Qué te parece?
-¿A qué país le gustaría que se pareciese la Argentina?
-Me gustaría Alemania.
-¿Usted cree que la Argentina puede parecerse a Alemania?
-Depende de lo que uno entienda por Alemania.
-En general, se entiende por Alemania un país europeo…
A medida que se acerca la fecha de las elecciones presidenciales, las encuestas se multiplican y sus resultados dan lugar a minuciosos y agotadores análisis, estudios y comparaciones. Cuando los participantes ven que los números son inferiores a los que ellos esperaban, comienzan a lanzarse unos contra los otros y se acusan recíprocamente de ser los responsables del bajo nivel de intención de voto.
Nada más que por si las moscas, el Gobierno y la oposición se aprestan a firmar un compromiso de abstenerse de realizar cualquier tipo de fraude, fraudote o fraudecito, aunque sea sin mala intención, el día de las elecciones presidenciales.
El acuerdo, redactado a cara de perro, parece que no va a dejar margen para excusas ni justificativos de ningún tipo, por más sutiles que pretendan ser.
En momentos en que estaba aplicado al consumo de un submarino sobre una banqueta frente al mostrador de un bar del subte –no interesa de qué estación por razones de seguridad-, y casi sin que se diera cuenta, el jefe de Gabinete, de astutos anteojos de sol y subida la solapa de su apretado saco, se vio envuelto en un reportaje de asalto que un inesperado y nada lento periodista, tras reconocerlo a pesar de todo, le planteó sin miramientos sobre la cuestión de los precios.
La oposición, a menos que esconda una baraja decisiva, no parece estar en forma como para ganar las elecciones de un solo fustazo.
Esto no le gusta al Gobierno, que prefiere vérselas con una fiera de largos y afiliados colmillos a cuya yugular prenderse para hacerle soltar votos. El gobierno quiere fortalecer a la oposición, porque, tal como está, ganarle las elecciones puede ser menos brillante que recibirse de ingeniero diciendo la tabla del ocho.
El oficialismo no pierde ni va a perder el tiempo: pondrá todas las energías propias, e incluso las ajenas que consiga prestadas, en la campaña presidencial.
El señor y la señora Kirchner (de ahora en adelante, los Consortes de Olivos) están dispuestos a cumplir todos los requerimientos de un amplio y profundo plan proselitista elaborado por el Think Tank de la Rosada (de ahora en más, el Tanque Rosado, T.R para los íntimos)
El señor ministro dio varias vueltas en su silla giratoria de todos los días. Contó hasta cincuenta y se detuvo. Al rato, enarcó una ceja y miró a la distancia, que estaba ahí no más, a la derecha de una columna… tocó todos los timbres de su despacho y reunió a su equipo de trabajo.
La oposición debe estar en contacto asiduo y natural, con el público. Se la debe sentir como algo imprescindible, lo mismo que la sábana de abajo. Tal vez ha llegado el momento de plantársele enfrente al gobierno para decirle: “Prepárese para aguantarse una oposición como nunca ha conocido, feroz e implacable; pero, eso sí, de una calidad tan alta que ya querrían contar con ella otros gobiernos para darse dique en la peluquería”. El plan de acción para lograrlo es deslumbrante.
Vociferantes y plañideras, surcan el aire del país quejas que alegan que hay en marcha una campaña sucia contra la candidatura presidencial surgida de la interna llevada silenciosamente a cabo en la Residencia de Olivos.
Pese a lo estentórea, la denuncia no ha dado ni una pista sobre cuán sucia es la supuesta campaña, qué características tiene ni, mucho menos, en qué consiste la suciedad.
Con motivo de la segunda vuelta electoral en la ciudad de Buenos Aires, o sea, el llamado balotaje (en castellano, en vez de ballottage, en francés), desde aquí queremos sumarnos a la campaña con ingeniosos y demoledores aportes para cada uno de los candidatos, siempre y cuando se dejen de pamplinas y quieran hacerse realmente papilla el uno al otro en vez de andar tocándose como hasta ahora con la delicadeza propia de unas novicias que juegan a la mancha en el recreo.
De pronto, cuando nadie lo imaginaba, el caño ha cobrado una inédita notoriedad. El simple y antiguo caño, de uso corriente por plomeros, petroleros y petarderos, acaba de ser ofrecido como atracción por la televisión, siempre dispuesta a buscar y mostrar novedades: hoy, un caño; mañana, quizá, una ensalada de frutas. El ingenio televisivo amenaza con ser inagotable.
Por suerte, parece que la era de los decretos del
Poder Ejecutivo Nacional meramente formales está llegando a su término. En el horizonte se vislumbra
el auspicioso inicio de otra era; en este caso, la de los decretos amenos, generosos en materia de
confidencias y,
según los casos, también
de infidencias.
El cielo de este país está poco a poco desapareciendo, tapado por una nube de facturas falsas que fabricaba una empresa ingeniosamente concebida para prestar servicios a otras empresas que, en realidad, no necesitaban servicios sino facturas por servicios jamás prestados por la emisora del documento, una tradicional especialidad de la casa.
Crecen las voces que señalan que las góndolas de los supermercados se están quedando vacías de algunos productos. Algunos están pensando en darles otro destino. Hay, por lo menos, dos iniciativas: alquilarlas a un geriátrico para colocar allí a la vieja o al viejo del mes o regalarlas a la Iglesia para que exhiba allí variedad de hostias a los feligreses.
Gracias al rayo que dejó temblando al radar del aeropuerto de Ezeiza, el aparatejo fue sacado de funcionamiento, y cabe esperar que, tarde o temprano, se lo reemplace por otro que permita prácticos usos múltiples.
Es inadmisible un radar que sólo sirva para mostrar en una pantalla dónde están los aviones, como si esto fuera lo único de interés en un aeropuerto.
Si un presidente se expresa en términos que confunden, los ciudadanos de su país siempre tienen la posibilidad de pedir aclaraciones mediante cartas de lectores. Pero, ¿qué pueden hacer, sin caer en el ridículo, los miembros del directorio del Fondo Monetario Internacional si no saben qué quiere decir "De acá..." cuando el Presidente habla de negociaciones?
En esta etapa de la vida económica del país, no sólo tenemos la agradable presencia de una mujer al frente del ministerio respectivo sino a una mujer que sonríe, y con toda espontaneidad. No importa cómo salgan las cosas; lo que importa es que el resultado de la gestión llegará con simpáticos mohines.
El INDEC acaba de ser sometido a una intensa morenización. De ahora en más, la inflación dejará
de ser indomable, como tantas veces ha ocurrido
en la Argentina.De aquí en adelante, el costo de
vida dejará de ser una pesadilla..., salvo que
uno quiera saber la verdad, pero eso
tiene otro precio.