Esta manejo permite a los productores aumentar la producción a través de una mejor utilización del pasto, corrigiendo el déficit de calidad y cantidad del forraje disponible, especialmente en invierno. Se utiliza para aumentar la ganancia de peso y la carga animal por hectárea.
La suplementación se realiza con concentrados proteicos y energéticos.
La Asociación Argentina de la Ciencia del Suelo aclara dudas
La elevada intensidad de la lluvia, desencadenante principal de las inundaciones -especialmente bonaerenses- ocurridas en diciembre de 2009, demuestra que los canales prediales constituyen una práctica adecuada para habilitar tierras frecuentemente anegadas al sistema productivo.
Durante una jornada organizada por Syngenta para productores sojeros de Santa Fe y Córdoba, se compartieron xperiencias prácticas en una campaña que se presenta con profusión de enfermedades en los cultivos.
La contaminación por hongos de almacenamiento es la más peligrosa
La ingesta de alimentos contaminados con micotoxinas, producidas por mohos que crecen sobre algunos alimentos, puede ocasionar problemas en el desarrollo, reducción en la eficiencia de conversión de alimento y baja eficiencia reproductiva, entre otros problemas.
En el caso de las zonas con lluvias persistentes, se conseguirían mejores resultados realizando aplicaciones aéreas
Para que los resultados del avión aplicando fungicidas en soja resulten óptimos, se debe usar un volumen de 15 litros por hectárea y anchos de faja variables entre 18 y 20 metros, para aviones chicos y grandes, respectivamente. La cantidad de gotas sobre el cultivo varían entre 50 y 35 gotas por centímetro cuadrado, para sistemas aspersores rotativo y barra con picos, respectivamente. Esta cantidad de impactos garantizan una penetración de 10 gotas por centímetro cuadrado en el centro de la biomasa del cultivo, promedio de 14 y 7 impactos, en la base del tercio superior y medio, respectivamente.
A pesar de que la cebada venía ganando superficie en los últimos años, en la presente
campaña los productores debieron enfrentar precios poco atractivos al momento de cumplir
los contratos y problemas de calidad, que harán desistir a muchos de la próxima siembra.
El sector de la comercialización advirtió que, tras la menor siembra en un siglo, en la campaña 2010/11 podría llegar a implantarse la mitad, ya que los productores medianos y pequeños no ven justificado el esfuerzo y los grandes no son alcanzados por medidas de incentivo por lo que optarían por otros cultivos.
El promedio nacional de pérdidas en los silajes alcanza al 25 por ciento
Más allá de un mal comienzo y perspectivas francamente desfavorables, la producción maicera reaccionó positivamente al mejoramiento de las condiciones climáticas generales sin sufrir estrés hídrico en las etapas críticas y apunta decididamente a acercarse, sin alcanzar desde ya, a la cosecha 2007/08.
Respuestas al corrimiento de la frontera ganadera hacia el Norte La ganadería del NEA cuenta con una tecnología de suplementación
adaptada a cada categoría del rodeo Esta manejo permite a los productores aumentar la producción a través de una mejor utilización del pasto, corrigiendo el déficit de calidad y cantidad del forraje disponible, especialmente en invierno. Se utiliza para aumentar la ganancia de peso y la carga animal por hectárea.
Los pastizales y pasturas subtropicales son los recursos forrajeros importantes de la región. Su característica principal es la producción de forraje en primavera, verano y otoño, siendo el crecimiento escaso a nulo durante el invierno. La calidad del forraje producido durante la época de crecimiento activo disminuye rápidamente con la edad de la pastura.
Con un adecuado manejo sanitario y de la carga animal las vaquillonas de recría llegan a peso de entore a los dos años de edad. “Por ejemplo, asegurando ofertas de 2.500 kilos de materia seca a la entrada del invierno en campo natural reservado, se obtienen ganancias invernales de 100 a 250 gramos por animal, sin suplementación”, señala en un trabajo el médico veterinario Osvaldo Balbuena del INTA Colonia Benítez.
Cuando por distintos factores se incrementa la carga y no se pueden lograr aumentos moderados de peso invernal en esta categoría, se debe recurrir al uso de suplementos. Durante el primer invierno posdestete, la semilla de algodón ofrecida a niveles equivalentes al 0,7 por ciento del peso vivo permite incrementos de 300 a 400 gramos por animal.
“En los casos de vaquillonas de sobre año atrasadas, la suplementación con semitín de arroz-semilla de algodón al 0,7 al 1 por ciento del peso vivo durante el segundo invierno posibilita ganancias de 40 a 60 kilos de peso vivo, en potreros reservados de otoño”, agrega.
Otra práctica disponible
Es la de suministrar concentrados proteicos sobre campo natural reservado de otoño con el objetivo de entorar las vaquillonas a los 18 meses de edad. “De esta forma, se lograron ganancias invernales de 180 a 500 gramos por animal, dependiendo del nivel de oferta de forraje y del nivel de suplementación. Las ganancias primavero - estivales fueron de 560 a 630 gramos por animal, lo que demuestran que las ganancias debidas al suplemento se mantuvieron”, observa Balbuena. El segundo entore se realiza sin ternero al pie y la preñez en el segundo servicio mejora el 96 por ciento de promedio. Esta práctica es válida para vaquillonas con alta proporción de sangre británica.
“Para casos de sequía o inundación, 1 kilo de semilla de algodón al destete permite obtener ganancias moderadas, de 250 a 300 gramos por animal, en condiciones de baja disponibilidad de forraje. En estos casos no hubo diferencia en distribución de la ración diaria o su equivalente en tres veces por semana y el costo total de la ración fue de 11 pesos por animal.”
Suplementación de novillos
Durante su primer invierno posdestete, combinado con un buen manejo alimenticio de primavera-verano, posibilita que estos se terminen a los 20 meses de edad. Si el objetivo es venderlos luego de su segundo invierno -a los 2 años- se recomienda suplementarlos para lograr ganancias moderadas (300 a 400 gramos por animal), a fin de evitar que el crecimiento compensatorio estival anule las diferencias.
Con respecto a los terneros de destete precoz, Balbuena, señala que: “Esta categoría es la más exigente del rodeo en cuanto a calidad de la dieta. Se debe tener presente que debido a la calidad de las pasturas en el NEA, es necesario el uso de 180 a 250 kilos de suplemento por ternero para lograr terneros destetados en noviembre con peso similar a los de destete normal (190 kilos en marzo). Son necesarias ganancias de alrededor de 600 gramos por animal por día, que se traduce en costos de ración de 0,30 a 0,45 pesos por kilo de peso vivo ganado””
Una alternativa para estos terneros es engordarlos sobre buenas pasturas con suplementación equivalente a 1,2-1,5 por ciento del peso vivo para venderlos durante el invierno. Los costos de suplementación varían entre 0,65 a 0,87 por kilo de peso ganado, dependiendo del año y el costo de los insumos.
Terminación de los novillos
La estrategia más común es suplementar novillos para terminarlos a la salida del invierno, momento en que se produce escasez de gordo y mayor precio. Sobre pasturas reservadas de otoño con oferta iniciales de 2.500 a 3.000 kilos de materia seca por animal con niveles de suplemento equivalentes a 0,7 a 1 por ciento del peso vivo, durante 100 a 120 días es posible terminar para faena novillos a los dos años de edad. “Los pesos iniciales son de 300 a 350 (según tipo de animal) y se los termina entre 380 y 430 kilos de peso vivo.
Los costos de ración varían entre 30 a 50 pesos por animal, dependiendo de ingredientes y nivel de suplementación. Esta misma práctica se puede utilizar con novillos de más edad (faena a los tres o más años de edad), pero se debe prever un peso de terminación mayor, una menor eficiencia de conversión del suplemento y los márgenes se hacen favorables con el cambio de categoría del animal”. Para los casos en que no se puede garantizar la oferta forrajera recomendada, el nivel de suplementación deberá ser mayor para asegurar la terminación. En raciones a base de maíz y sorgo, es posible reemplazar la fuente de proteína verdadera por urea.
La Asociación Argentina de la Ciencia del Suelo aclara dudas
La necesidad de contar con una Ley de Conservación de Suelos La elevada intensidad de la lluvia, desencadenante principal de las inundaciones -especialmente bonaerenses- ocurridas en diciembre de 2009, demuestra que los canales prediales constituyen una práctica adecuada para habilitar tierras frecuentemente anegadas al sistema productivo.
Mucho se habló a fin de año del rol de las obras agrohidrológica privadas como consecuencia de las recientes inundaciones del norte de la Región Pampeana, para aclarar dudas, la Comisión Directiva de la Asociación Argentina de la Ciencia del Suelo, hizo algunas precisiones en el sentido de tener en cuenta las características geográficas del área, como “planicies con exigua pendiente y vías de agua poco desarrolladas; el estado hídrico o capacidad de almacenamiento del sistema previo al evento meteorológico, además de factores adicionales creados por la actividad humana, por ejemplo: inadecuada infraestructura vial e hídrica y urbanización de sectores aluviales”.
Las decisiones están siempre asociadas a una decisión de estrategia política, condicionada por el impacto que el evento tiene en una comunidad. El trabajo señala, luego, que “Las inundaciones ocasionadas por períodos de alta precipitación constituyen un hecho fortuito, por lo cual no generan necesariamente responsabilidades directas.”
Inundaciones que afectan vidas humanas
Son por cierto, mucho más trascendentes. El más reciente fue el caso de San Antonio de Areco. “La cuenca del río Areco es larga y angosta. Razónn por la cual, ante lluvias intensas, como la ocurrida en diciembre de 2009, el retardo en el transporte del exceso de agua al curso principal, eleva el caudal de forma repentina por fuera de su cauce, produciendo así la inundación.” Cuando en el área afectada -además- se encuentran suelos agrícolas con alto grado de degradación física por uso intensivo y ausencia de rotaciones con mayor volumen de rastrojos, la resultante es la reducción del nivel de infiltración, por lo que aumenta la proporción de agua que escurre superficialmente, y aumenta el riesgo de inundación. No debe descartarse esta causal en las recientes inundaciones del norte de la Región Pampeana. Otro factor concurrente fue la sequía de la campaña 2008/09, la cual provocó una merma en los residuos de los cultivos.
El trabajo enfatiza que “No existe evidencia de que las obras hidráulicas de ingeniería rural privadas hayan tenido una importancia preponderante en los eventos de inundación recientes. Por el contrario, obras de terraceado, badenes derivadores y represas de amortiguación de caudales pico construidas según las normas conservacionistas hubieran contribuido a mitigar un evento extraordinario como el ocurrido en San Antonio de Areco.” Y cita como referencia que “La cuenca del arroyo Pergamino, lindante con la del río Areco, padeció el mismo fenómeno meteorológico pero sin consecuencias sobre el ejido de la ciudad.”
Medidas Útiles
Menciona otras medidas de utilidad probada que, de implementarse, minimizarían las consecuencias de los excepcionales eventos de lluvia: sistemas operativos de alerta hídrica son herramientas básicas para proteger a la población y a las construcciones urbanas y rurales; la regulación efectiva del manejo del agua, tanto a nivel de establecimientos privados como de microcuencas. Estas últimas debieran ser reconocidas "socialmente" y validadas como unidades operativas de trabajo. “En algunos casos similares al hecho de referencia, las inundaciones fueron agravadas por la infraestructura pública mal realizada, como rutas y autopistas con terraplenes que obstruyen el escurrimiento, puentes y alcantarillas subdimensionadas u ocluidas por falta de mantenimiento.”
El informe enfatiza que no se puede demorar la implementación de una efectiva Ley de Conservación de Suelos que contemple la protección de los recursos suelo y agua. Una futura regulación debería tener como premisa la necesidad de mantenimiento de la cobertura del suelo para incrementar la tasa de infiltración de agua, evitando así las pérdidas por erosión. Otro aspecto a considerar es la reposición de los nutrientes extraídos por las cosechas, pues de ello depende que los suelos queden con adecuada cantidad de residuos protegiéndolos. “Sólo una ley de Suelos efectiva que tome el enfoque de cuenca hídrica como unidad operativa, permitirá mantener la capacidad productiva de nuestros suelos en los años y generaciones venideras. Basta como ejemplo la Ley Nº 8318 de Conservación de Suelos de Entre Ríos, donde cada peso desgravado se multiplicó por 50 en concepto de incremento productivo por efecto de obras conservacionistas agrohidrológicas”, finaliza el trabajo.
El manejo de plagas y enfermedades
Contra la oruga bolillera y de la mancha ojo de rana Durante una jornada organizada por
Syngenta para productores sojeros de Santa Fe y Córdoba, se compartieron xperiencias prácticas en una campaña que se presenta con profusión de enfermedades en los cultivos.
Los ingenieros agrónomos Carlos Grosso y Pablo Ponzio integran un grupo de productores líderes. Trabajan más de 10.000 hectáreas en la zona Centro oeste de Santa Fe y Centro oeste de Córdoba. En un campo gerenciado por ellos, ubicado en Piamonte, Santa Fe, el Servicio Técnico Syngenta organizó una jornada a campo para productores.
Carlos Grosso cuenta que su grupo productivo dispone de un sistema de monitoreo integral de plagas en lotes desde hace más de 6 años y que han certificado bajo normas ISO 9000. Esto les permitió medir el importante ataque de oruga bolillera que sufrieron. “Ya en V1 encontrábamos orugas bolilleras. Para dar una magnitud de la presencia de esta plaga podemos decir que las trampas emiten el alerta con 13 volvieras por captura en trampa, y estuvimos durante dos meses con más de 40 bolilleras y hasta 200 por noche.
Un número inusual”, afirma Grosso. “Teníamos el total de los lotes con esta plaga y para combatirla tuvimos que hacer hasta tres tratamientos en muchos lotes”. Y agrega: “Aplicamos muchos productos. Cuando la planta era chica el objetivo era tratar de controlar la plaga más que buscar residualidad. A medida que la soja empezó a dar hojas aplicamos Curyom, y controlamos muy bien. Los cultivos no tratados con insecticidas van a tener pérdidas de más de 1.000 kilos por hectárea”, afirma.
En una Jornada en El Trébol Carlos Grosso, sostuvo que el gran problema a enfrentar fue la temprana presencia de Mancha de ojo de rana que tanto en Córdoba como en Santa Fe apareció con mucha fuerza. En la campaña anterior, esta enfermedad “nos dejó lotes con pérdidas de 800 y hasta 1.000 kilos por hectárea. Actualmente tenemos mancha de ojo de rana en todos los lotes, pero la venimos combatiendo. Para ello, hicimos algunos tratamientos con Carbendazim cuando la soja estaba en estado vegetativo tratando de frenar el inóculo, sobre todo porque había lotes muy atacados. Pero una vez que las plantas entraron en estado reproductivo, comenzamos a aplicar estrobirulina con triazol, más específicamente usamos Amístar Xtra por consejo de nuestros asesores. Hoy estamos en R3 y podemos decir que el testigo está mucho más afectado por la enfermedad que los tratados, las diferencias posteriores las vamos a ver con la persistencia y residualidad y el número de lesiones”.
El grupo se ha impuesto como meta alcanzar más de 6.000 kilos por hectárea en al menos 500 hectáreas.
La contaminación por hongos de almacenamiento es la más peligrosa Evitar la micotoxicosis en rodeos lecheros La ingesta de alimentos contaminados con micotoxinas, producidas por mohos que crecen sobre algunos alimentos, puede ocasionar problemas en el desarrollo, reducción en la eficiencia de conversión de alimento y baja eficiencia reproductiva, entre otros problemas.
Las micotoxinas son toxinas producidas por los mohos que crecen sobre algunos alimentos. Causan “micotoxicosis”: enfermedades que pueden afectar tanto a las personas como a los animales. Estas enfermedades suelen provocar daños en el hígado, los riñones, el sistema nervioso y los pulmones. La micotoxicosis puede adquirirse por consumo directo de un alimento contaminado, y al ingerir residuos de micotoxinas presentes en la carne, vísceras, huevo o leche, señala un trabajo difundido por técnicos del INTA Rafaela.
Los hongos que producen micotoxinas pueden desarrollarse en vegetales de consumo humano y animal, algunos invaden los cultivos antes de la cosecha (hongos del campo) y otros, son capaces de crecer en los productos almacenados, en diferentes condiciones ambientales (hongos de almacenamiento).
Ingestión de micotoxinas
Cuando los animales comen alimentos contaminados con micotoxinas pueden sufrir problemas en su desarrollo, reducción en la eficiencia de conversión de alimento, baja eficiencia reproductiva,menor resistencia a enfermedades infecciosas, reducción en la eficiencia de las vacunas y daños en órganos como el hígado y los riñones. Todas estas consecuencias traen aparejados, además,perjuicios económicos.
Los hongos “del almacenamiento” son relativamente más controlables que los hongos “del campo”. Los hongos “del campo” son generalmente del género Fusarium y los “del almacenamiento” de los géneros Aspergillus y Penicillium. Los hongos del género Aspergillus producen aflatoxinas -micotoxinas muy peligrosas-, debido a su poder contaminante incluso en muy bajas concentraciones. En muchos casos el tipo de daño que producen es irreversible. Además, las aflatoxinas se pueden acumular enproductos animales y continuar contaminando la cadena alimentaria de los mismos.
Las micotoxinas derivadas de hongos “del campo” resultan nocivas para la producción, pero generalmente tienen muy baja tasa de metabolización y de aparición en los productos derivados deanimales alimentados con materiales contaminados.
Entre los síntomas que este tipo de contaminación provoca en las vacas lecheras se menciona: en el caso de las Aflatoxinas, disminución de la performance animal y el estado general de salud. Mientras que en otras micotoxinas se presenta menor consumo de alimento, menor producción de leche, recuento elevado de células somáticas, reducción de la eficiencia reproductiva, aborto, rechazo del alimento, pérdidas de producción; llegando a gastroenteritis, hemorragias intestinales, muerte y disminución de la respuesta inmunológica en terneros.
Las medidas recomendadas
• Utilizar productos antifúngicos.
• Mantener las condiciones apropiadas durante el procesamiento de los forrajes.
• Almacenar adecuadamente los alimentos.
Cuando la contaminación ya existe, una práctica que puede ayudar a disminuir el riesgo consiste en mezclar alimentos de diferentes partidas. Sin embargo, la opción más válida para disminuir y prevenir el problema, tanto en ganado lechero como de carne, es la utilización de las sustancias denominadas “secuestrantes o absorbentes de toxinas”. Estos productos, que se utilizan normalmente en las raciones de cerdos y aves, están disponibles en el mercado, existiendo fórmulas muy eficaces para una amplia gama de micotoxinas.
En el caso de las zonas con lluvias persistentes, se conseguirían mejores resultados realizando aplicaciones aéreas Elementos que hay que tener en cuenta para elegir la conveniencia de aplicar fungicidas por vía aérea o terrestre sobre lotes de soja
Para que los resultados del avión aplicando fungicidas en soja resulten óptimos, se debe usar un volumen de 15 litros por hectárea y anchos de faja
variables entre 18 y 20 metros, para aviones chicos y grandes, respectivamente. La cantidad de gotas sobre el cultivo varían entre 50 y 35 gotas por
centímetro cuadrado, para sistemas aspersores rotativo y barra con picos, respectivamente. Esta cantidad de impactos garantizan una penetración de 10 gotas por centímetro cuadrado en el centro de la biomasa del cultivo, promedio de 14 y 7 impactos, en la base del tercio superior y medio, respectivamente.
A la hora de aplicar fungicidas en cultivos de soja los productores tienen dos opciones: realizarlas en forma aérea o con equipo terrestre. “Para evaluar cual es la más conveniente -afirma el ingeniero agrónomo Daniel Leiva del INTA Pergamino en un trabajo- hay que pensar en un cultivo sembrado a 50 centímetros con entresurco cerrado y una altura promedio entre 80-90 centímetros y un estado fenológico de principio de formación de vainas (R3).
La lluvia persistente genera una evolución favorable del rendimiento potencial y un problema de piso. Un equipo terrestre automotriz en suelo seco, provoca un pérdida por tránsito del orden del 3 por ciento; para una expectativa de rendimiento de 40 quintales por hectárea, la pérdida es 120 kilos por hectárea, que traducida en pesos representa 120 pesos por hectárea. “Como un avión no produce estas pérdidas, al comparar ambas alternativas existe un hándicap de 32 dólares por hectárea a favor de tratamientos aéreos.
” Comparando costos, para un tratamiento fitosanitario, “existe la falsa idea de pensar que el avión resulta más costoso que un tratamiento terrestre, cuando lo concreto es un ahorro de una relación 3 a 1, es decir, por cada tratamiento terrestre se pagan tres aéreos”, afirma el técnico que inmediatamente se pregunta: ¿esto pasa en el Gran Cultivo?
Volúmenes a utilizar
Para que los resultados del avión aplicando fungicidas en soja resulten óptimos, se debe usar un volumen de 15 litros por hectárea y anchos de faja variables entre 18 y 20 metros, para aviones chicos y grandes, respectivamente. La cantidad de gotas sobre el cultivo varían entre 50 y 35 gotas por centímetro cuadrado, para sistemas aspersores rotativo y barra con picos, respectivamente.
Esta cantidad de impactos garantizan una penetración de 10 gotas por centímetro cuadrado en el centro de la biomasa del cultivo, promedio de 14 y 7 impactos, en la base del tercio superior y medio respectivamente. “Cuando la humedad relativa es inferior al 40 por ciento, se recomienda no hacer tratamientos porque no resulta posible mitigar la evaporación de las gotas chicas; cuando las condiciones de humedad superan el 60 por ciento, la evaporación no resulta significativa.
En situaciones intermedias, se recomienda el uso de aceite antievaporante, a dosis fija entre 1 y 2 litros por hectárea, para atmósferas entre 50-60 por ciento y 40-50 por ciento, respectivamente”, agrega Leiva. También se ha demostrado la ventaja del aceite de soja en tratamientos a 1 litro por hectárea, por su mejor comportamiento en la protección de las gotas chicas. En todos los casos se aconseja el uso de tensioactivo órgano siliconado (sólo y en mezcla con el antievaporante).
Esto se debe a que reduce el tamaño de la gota, factor esencial para una penetración profunda en la masa foliar, y además, garantiza una óptima absorción del fungicida en la hoja por su alta compatibilidad cuticular. En situaciones climáticas de lluvias día por medio, el tensioactivo reduce los riesgos por lavado minimizando las pérdidas de fungicida por lluvias ocurridas una hora posterior al tratamiento.
Si las enfermedades se inician en el estrato inferior de un cultivo y los fungicidas sólo traslocan dentro de la hoja, para lograr efectos de control es necesario distribuir la dosis apuntando al tercio inferior y medio del follaje.
Comparaciones de los métodos
En este sentido los equipos terrestres distribuyen entre 65-70 por ciento de la dosis en el tercio superior, los aéreos (equipados con aspersores rotativos) en cambio, sólo el 45 por ciento en ese estrato; en el estrato inferior el 20 por ciento con avión y entre el 5 a 2.5 por ciento con terrestre, para cono hueco y doble abanico respectivamente. En otras palabras, el avión ubica al menos cuatro veces más dosis donde inicia la enfermedad.
Refiriéndose a tratamientos con equipo terrestre, Leiva señala que en cultivos altos y foliosos, el volumen de aspersión aconsejado es 150 litros por hectárea en combinación con pastillas de cono hueco y alta presión. La diferencia de respuesta por el uso de cono hueco, en comparación al doble abanico plano, es de más de un quintal por hectárea; y la de utilizar un volumen 25 por ciento menor, un quintal menos por hectárea. “Esto significa que en ambas situaciones, la baja en la respuesta supera el costo del tratamiento, en consecuencia es económicamente recomendable no incurrir en ese error.
Es importante entender la diferencia entre eficacia y eficiencia. El fungicida incrementa el rinde (es eficaz), mal aplicado no es eficiente (se deja de ganar 200 kilos por hectárea).” La recomendación de volumen depende del desarrollo de la masa foliar, utilizando tarjetas sensibles se debe lograr sobre el cultivo (sin interposición de hojas) entre 200 a 250 gotas por centímetro cuadrado, con pastillas doble abanico y cono hueco, respectivamente.
Esta cantidad de impactos garantizan una penetración de 120 gotas por centímetro cuadrado en el centro de la biomasa del cultivo. Es decir, un promedio de 170 y 65 gotas por centímetro cuadrado en la base del tercio superior y medio, respectivamente. Otras situaciones que producen resultados deficientes con equipo terrestre son el uso de baja presión y un botalón bajo, generando gota grande que impacta el estrato superior, impidiendo la incorporación profunda del asperjado. El tamaño de gota se reduce elevando la presión y utilizando tensioactivo
Relación costo - beneficio
Con respecto a la relación beneficio - costo, el ingeniero agrónomo Daniel Leiva puntualiza que: “Cuando se trata de la aplicación de fungicidas en soja, es correcta la evaluación que indica que la respuesta en el rinde, en la amplia mayoría de los lotes tratados, paga el tratamiento (con fungicida a la dosis de control más la pulverización). Los incrementos mínimos señalados son de un quintal por hectárea, los máximos entre 7-8 quintales por hectárea, y los medios de 3-4 quintales por hectárea.
Además, cuando se trabaja con altas expectativas de rinde, por ejemplo con un piso de 40 quintales por hectárea, no se puede dudar de la tecnología de fungicidas cuando el sistema viene acompañado por condiciones que favorecen un óptimo desarrollo fúngico. A mayor expectativa de rinde potencial, mayor respuesta al agregado de fungicidas; tanto por el control de la enfermedad -básicamente Septoriosis- como por el retraso en el amarilleo y caída de hojas, recordemos que esta situación prolonga el período de llenado de granos.”
El estrés hídrico que sufrieron los lotes de soja durante la campaña anterior, fueron el marco propicio para que el ingeniero agrónomo Gustavo Ferraris y técnicos del Proyecto Regional Agrícola con sede en el INTA Pergamino, realizará una evaluación de las tecnologías para la producción de la oleaginosa bajo las mencionadas condiciones de sequía. Durante la experiencia, se cuantificó el efecto sobre la nodulación y el rendimiento de un inoculante formulado sobre la base de Bradyrhizobium japonicum. También, se comparó un inoculante conteniendo promotores de crecimiento -Azopirillum brasiliense y Pseudomonas fluorescens- con un testigo y un inoculante convencional y por último, se evaluó el efecto complementario del agregado de fertilizante foliar y fungicida en los tratamientos inoculados.
El especialista y el equipo de técnicos partieron de la base de que estas tecnologías tienen la capacidad para incrementar los rendimientos del cultivo, en una diversidad de ambientes y bajo distintas condiciones de producción. Las hipótesis fueron testeadas en dos niveles de fertilización fósforo-azufrada.
“Entre las conclusiones del trabajo se destaca que los rendimientos se incrementaron significativamente como resultado de la fertilización fósforo-azufrada y el uso de tecnologías complementarias. En este último caso, los mejores resultados se obtuvieron por la suma de prácticas de cultivo, alcanzando diferencias estadísticas cuando se combinaron el uso de un inoculante conteniendo PGPR y la fertilización foliar”, señala Ferraris.
Más adelante el trabajo señala que “Aún en campañas climáticamente contrastantes, la respuesta a la inoculación, fertilización foliar y uso de fungicidas se mantuvo proporcionalmente constante, evidenciando cierta estabilidad en los resultados. Esto permite posicionarlos como tecnologías apropiadas para mejorar la producción del cultivo, en forma complementaria a otras prácticas agronómicas como la fertilización fósforo-azufrada, la selección de genotipos y una mejora general del ambiente productivo.”
Una experiencia en fertilización de soja que incluyó la utilización de fósforo y azufreInteracciones entre genotipo y ambiente productivo
La fertilización en soja presenta similar respuesta en grupos madurativos diferentes, lo que habilita el diseño de estrategias de recomendación comunes y facilita la toma de decisiones. Así lo indicó un estudio realizado por el Proyecto Regional Agrícola-CRBAN, a través de las unidades del INTA en Pergamino y General Villegas de la provincia de Buenos Aires.
Sin embargo, la respuesta al agregado de fósforo o azufre varía notablemente según al ambiente productivo y la subregión donde se localizaba el ensayo, dentro del área abarcada por la red.
Tradicionalmente, la respuesta a la fertilización en soja se asoció con variables de suelo –como fósforo, materia orgánica o azufre extractable–. Pero, ¿inciden también variables del cultivo como el Grupo Madurativo elegido? Conocer la incidencia o no de los factores de cultivo que intervienen posibilita dirigir la fertilización a aquellos ambientes con mayor probabilidad de respuesta. A su vez, la cuantificación de la respuesta según una detallada caracterización del sitio, provee información de base para el manejo sitio -específico de la respuesta a la fertilización en soja.
El trabajo realizado por los ingenieros agrónomos Gustavo Ferraris y Fernando Mousegne del INTA Pergamino, evaluó la respuesta a la fertilización fósforo-azufrada en función del nivel de nutrientes en el suelo, la caracterización del ambiente en el sitio experimental y el grupo madurativo sembrado. Se examinaron datos de ocho ensayos a campo conducidos en la campaña 2008/2009 en distintas localidades de la región: Pergamino, San Antonio de Areco, Junín, Mercedes, General Villegas, Henderson, 9 de Julio y Bolívar, de Norte a Sur.
Los ensayos contrastaron dos genotipos de diferente Grupo Madurativo –III y IV Largo– y tres estrategias de fertilización: tratamiento testigo; 20 kilos por hectárea de fósforo; y agregando a esta dosis 15 kilos por hectárea de azufre.
El análisis de los resultados reveló la incidencia del sitio del ensayo pero no del Grupo Madurativo utilizado; ambos genotipos demostraron un patrón de respuesta similar a la fertilización. La preponderancia de uno u otro genotipo sí difirió con la localidad de ensayo: en el sur de la región, se desempeñó mejor el Grupo Madurativo III y, en el Norte, el Grupo Madurativo IV.
Además, se logró predecir la respuesta al agregado de fósforo: cuando el nivel del mismo en el suelo es menor a 14,5 partes por millón se infieren valores de rendimiento mayores a los 200 kilos por hectárea. En tanto, la respuesta a azufre fue explicada por el tipo de suelo y el rendimiento del sitio, por lo que es mayor en suelos de textura gruesa y rendimiento limitado por la oferta de nutrientes.
La evaluación de esta red de ensayos mostró una respuesta global a la fertilización del 16 por ciento aun bajo condiciones ambientales desfavorables, lo que también indica cierta estabilidad e independencia de la respuesta a la fertilización en el cultivo de soja.
Desde el 2002 la superficie sembrada aumentó el 108 por ciento
Después de varias buenas campañas merma la producción de cebada A pesar de que la cebada venía ganando superficie en los últimos años, en la presente
campaña los productores debieron enfrentar precios poco atractivos al momento de cumplir
los contratos y problemas de calidad, que harán desistir a muchos de la próxima siembra.
En los últimos años, hubo varios factores que influyeron para que la superficie de cebada aumentara notablemente en nuestro país. Uno de ellos fue la mejora de los precios internacionales: en las campañas 2005/06, 2006/07 y 2007/08 la producción mundial fue menor al consumo. Esto produjo una disminución de los stocks finales y generó subas de precios.
Otro factor importante fue la intervención en el mercado de trigo. Los grandes descuentos sufridos por los productores en el precio del cereal, debidos al cierre de las exportaciones y a las dificultades para vender la producción, impulsaron un aumento de la superficie sembrada con cebada en la Argentina. Durante las últimas cuatro campañas los descuentos en trigo superaron los 30 dólares por tonelada, lo que provocó una duplicación de la superficie sembrada con cebada, señala un trabajo realizado por los técnicos de CREA y dado a conocer por la entidad.
La relación de la cebada con el trigo
“Desde la campaña 2002/03 hasta la 2009/10, la superficie sembrada con trigo cayó de 6,3 a 2,7 millones de hectáreas (57 por ciento) y la superficie de cebada aumentó de 269.000 hectáreas a 560.000 hectáreas (108 por ciento).
Históricamente, y a pesar de ser un tema de discusión, las cotizaciones de la cebada en la Argentina se han fijado con relación al trigo.
En general, el precio recibido por los productores de cebada equivalía al precio de pizarra del trigo menos el 10 por ciento.” Sin embargo, en los últimos tiempos el debate por la relación entre los precios de la cebada y del trigo se incrementó. Esto es así, en parte, porque el precio FOB Trigo no refleja lo que sucede en el nivel internacional, ya que las exportaciones están cuotificadas y los precios FOB que se fijan no son representativos y no presentan variaciones significativas.
“Por otro lado, la intervención del mercado triguero afectó el normal funcionamiento de las cotizaciones futuras del cereal en el Mercado a Término. En consecuencia, el FAS teórico es notablemente superior a las cotizaciones del MATba cuando, normalmente, estas cotizaciones deberían guardar una relación más estrecha. Este dato no es menor si se tiene en cuenta que gran parte de los contratos ofrecidos por las malterías están atados un 70 por ciento al precio del Trigo del MATba y un 30 por ciento a la cotización del cereal en Chicago, menos el 23 por ciento de retenciones. La cebada tiene 20 por ciento de retenciones”, observa el trabajo.
Panorama del mercado
Como puede verse, la opción 70 por ciento MATba – 30 por ciento Chicago es considerablemente inferior al FAS Teórico, mostrando un descuento de alrededor de 25 dólares por tonelada.
“Esta condición comercial (70-30) sería una buena opción si las cotizaciones en el Mercado a Término reflejaran lo que sucede con el FAS Teórico. Por lo tanto, en un mercado de trigo intervenido y con vistas a la próxima campaña, los compradores de cebada deberán ser flexibles y creativos al momento de elegir distintas formas y plazos de fijación de precio.”
Si bien en su momento la estrategia de eludir las intervenciones en trigo con la siembra de cebada fue válida, en esta campaña son muchos los productores que están vendiendo la cebada a precios irrisorios. De hecho, algunos que no tenían contratos y tenían cebada de calidad vendieron la mercadería a mejores precios (FAS Teórico de trigo) que quienes estaban atados a un contrato.
Además de los bajos precios, los productores tuvieron que afrontar el inconveniente de una gran heterogeneidad en cuanto a la calidad. Cebadas con menor calibre que el requerido por las malterías o con porcentajes de proteína muy superiores a los aceptados por el estándar comercial, generaron desacuerdos entre las partes. Este fue el caso de Santiago Norris, del CREA Henderson-Daireaux, quien tuvo problemas por exceso de proteína. “Me quedé con un producto que no cumple con los estándares de las malterías. Esto me lleva a pensar que hacer cebada en estas condiciones no es lógico ni rentable. Es una situación muy desagradable, porque estás totalmente expuesto a quedarte con una mercadería que no tiene valor”, señaló el productor. Ante estos problemas de calidad, algunas malterías se vieron obligadas a reducir las exigencias de los estándares.
Agricultura de precisión para el riego
Sistema de imágenes aéreas permiten ahorrar agua para el riego Con sensores remotos en el campo y otros
inalámbricos conectados a un software, se
determinan diariamente las necesidades de riego.
Científicos del Servicio de Investigación Agrícola (ARS) están desarrollando un sistema que ahorra agua usando imágenes aéreas y sensores para determinar las necesidades de riego de pequeñas secciones en campos cultivados.
Las prácticas convencionales de riego, pueden no ser favorables debido a que suponen que las necesidades de riego del cultivo son iguales para todo el campo.
Así lo afirma el ingeniero agrónomo Douglas Hunsaker, del Centro de Investigación Agrícola en Suelos Áridos de Maricopa, Arizona.
Por ello, los productores de Estados Unidos están comenzando a utilizar sensores remotos para monitorear el crecimiento del cultivo, las necesidades de fertilizante, y las condiciones de campo. La meta de Hunsaker es combinar una imagen aérea obtenida por sensores remotos de un campo con un sistema de sensores inalámbricos conectados a un software de computadora, éste determinará diariamente las necesidades de riego de áreas pequeñas para toda la campaña.
Idealmente, los productores podrían identificar áreas con necesidades de riego altas o bajas utilizando datos transmitidos a sus computadoras y, con un sistema de riego por goteo o por aspersión, ajustar, en consecuencia, los niveles de riego. La tecnología será particularmente útil en la región sudoeste de EE.UU. donde la conservación del agua es una prioridad.
En un estudio reciente, con resultados publicados en la revista 'Agricultural Water Management', Hunsaker reunió imágenes obtenidas por sensores remotos luego del reconocimiento aéreo de un campo. Las imágenes mostraron el crecimiento de las plantas y las necesidades de agua capturando la luz reflejada por los lotes en longitudes de ondas de rojo e infrarrojo cercano; cuanto más grande las plantas de algodón, tanto más la luz infrarroja capturada en las imágenes. Hunsaker usó un programa de computadora para analizar las imágenes, determinar los sitios óptimos para colocar más sensores, y pronosticar la variabilidad de las necesidades de agua del cultivo para todo el potrero.
Por medio de reconocimientos aéreos periódicos realizados durante dos campañas, Hunsaker descubrió que el sistema puede pronosticar con precisión la diversidad de las necesidades de agua del cultivo. Actualmente, está evaluando el uso de sensores que podrían reducir costos eliminando la necesidad de realizar más de uno reconocimiento aéreo cada campaña.
La actual cosecha dejará un saldo exportable de menos de un millón de toneladas
Entre nuevos reclamos e intervenciones estatales, el trigo no logra salir de su cono de sombra
El sector de la comercialización advirtió que, tras la menor siembra en un siglo, en la campaña 2010/11 podría llegar a implantarse la mitad, ya que los productores medianos y pequeños no ven justificado el esfuerzo y los grandes no son alcanzados por medidas de incentivo por lo que optarían por otros cultivos.
Con una producción levemente inferior a los 7,5 millones de toneladas, producto de una superficie cultivada de 3,08 millones de hectáreas, el trigo no logra salir del ojo de la tormenta, por más que las condiciones edáficas y climáticas para el inicio de la próxima zafra parezcan apuntar a ser muy buenas.
No sólo el área implantada se redujo a mínimos históricos, sino que, además, el clima adverso en importantes zonas trigueras hizo que numerosos lotes fueran abandonados por la escasa productividad unitaria que perfilaban, estimándose que algo más del 10 por ciento de esa superficie no fuera cosechada.
Frente a esta realidad y a las promesas formuladas por el Gobierno ante la Mesa de Enlace, las turbulencias se potenciaron por vía de la Bolsa de Comercio de Rosario y la Bolsa de Cereales de Entre Ríos que arremetieron contra las persistentes trabas a la comercialización del cereal, y llegar a advertir que el resultado de la campaña 2010/11 puede ser aún peor que esta magra producción actual que apenas deja un excedente exportable de menos de un millón de toneladas.
La Bolsa de Rosario
El ente salió a advertir que desde el primero de diciembre último no se conocen compradores interesados en el trigo y alertó que "por este camino" el año próximo no habrá producción triguera en la Argentina, ya que "...siempre se puede estar peor y vamos por ese camino. Es probable que el próximo año vuelva a caer la siembra del cereal y la producción no alcance para abastecer el consumo interno", sostuvo.
La entidad consideró que "...es peor cuando de las últimas reuniones se desprenden medidas que discriminan a los productores y confirman al Secretario de Comercio Interior como el determinante en la política oficial en materia de granos".
Además, señala que el Ministerior resolvió que "Las compras que realizarán la molinería y los exportadores serán a pequeños y medianos productores que estarán incluidos en unos listados ‘aprobados previamente’".
Relata en su informe que durante la reunión con los productores “el Ministro de Agricultura señaló que ‘sobre un total de 29.500 productores de trigo, 27.000 son chicos y medianos, otros 800 son medianos y medianos grandes, y el 7 por ciento restante -que tiene el 50 por ciento de la producción- son grandes".
“Se desprende que el 93 por ciento de los productores producen la mitad de la cosecha de trigo mientras que el otro 50 por ciento es producido por productores que no entrarían en las disposiciones de negociación establecidas por el gobierno”.
Así “es difícil que el año próximo se pueda cosechar más del 50 por ciento de la producción que se obtiene este año ya que se desalienta la siembra de trigo por todas partes: los pequeños productores con todo lo que tuvieron que hacer para encontrar mercado, van a ir a un producto más seguro y, los productores más grandes no van a tomar riesgo de sembrar un cultivo que solo tiene el mercado que decide el gobierno”.
Opinión en Entre Ríos
En paralelo, la Bolsa de Cereales de Entre Ríos manifestó en una solicitada que pese a las “insistentes gestiones” efectuadas para agilizar la comercialización los problemas subsisten, al punto que cuando se debía haber comercializado más del 50 por ciento de la producción provincial, apenas se llega al 10 por ciento.
“En la provincia, las urgencias para pagar las deudas de la campaña anterior, más la contraída para sembrar la presente, son enormes”, afirmó la entidad, instando a “recuperar el mercado de granos y su operatoria como lo teníamos hasta la campaña 2007 (competencia entre oferta y demanda); en este esquema vigente, para resguardar el mercado interno deberían arbitrarse además otro tipo de herramientas financieras a cargo de los compradores (molinos, exportadores, etc.), para no dejar caer el peso del mismo sobre las espaldas de nuestros productores”.
El promedio nacional de pérdidas en los silajes alcanza al 25 por ciento Buscan reducir las pérdidas en los silos forrajeros, aumentando la densidad
La implantación de cultivos para silajes para rodeos exige cuidados especiales, para lograr una buena ecuación económica. Un trabajo conjunto de la Universidad Nacional de Villa María en Córdoba y el laboratorio Clemos, a los cuales se sumaron contratistas y empresas proveedoras de insumos, indica que las pérdidas en el almacenamiento de silos forrajeros están en el orden de 25 por ciento en todo el país. El trabajo señala que es posible reducir esas pérdidas hasta un 10 por ciento.
Otros datos de la investigación, muestran que “...al 25 por ciento mencionado hay que agregar otro 10 por ciento de pérdida durante el suministro del forraje ensilado a la hacienda. Sólo estamos aprovechando las dos terceras partes de lo que fue confeccionado como silaje. Los datos no solo provienen de lainvestigación, sino que también se toma nota empíricamente en los establecimientos rurales, en los que los productores dicen haber planificado silo hasta el mes de marzo, y en noviembre ya no les queda. Y quién planificó para suministrar maíz hasta diciembre, ya en septiembre u octubre se quedó sin silo”, observó el ingeniero agrónomo Gustavo Clemente, miembro del equipo de investigación y profesor de la Universidad Nacional de Villa María, durante una jornada realizada semanas atrás en la Asociación de Empresarios de la Región Centro Argentino, de Villa María.
Falla en las previsiones
Con los números en la mano, el profesional también detalló que “en la actualidad confeccionamos unas 750.000 hectáreas de silaje, de las cuales aprovechamos de manera eficiente no más de 600.000, y el resto son pérdidas. Si solo distribuyéramos un 10 por ciento de las pérdidas, habría - según lo que podemos evaluar del estudio- un ingreso para el productor cercano a los 700 millones de pesos anuales, y esto tiene una importancia económica muy grande, que se puede aprovechar mejorando algunos detalles en el proceso”.
En los problemas primeramente detectados, el ingeniero Clemente señala que existe en la actualidad una menor compactación, y esto hace que todos los procesos degradativos resulten más acelerados. “De esta manera, el volumen final que se recupera, indudablemente, es menor del que se había planificado. Desde el punto de vista de la confección, también es necesario aumentar la densidad, de manera de pasar del promedio, que actualmente son 148 kilos de materia seca por metro cúbico, a 200 kilos por metro cúbico, por lo menos. De esta manera desplazamos mayor cantidad de aire, hay menos penetración cuando se realiza el suministro y a su vez, se reduce el nivel de pérdidas; todo ello teniendo como objetivo mejorar la eficiencia en el suministro”.
El balance final superaría los 18 millones de toneladas producidas
Las condiciones climáticas favorables compensaron la baja del área cultivada Más allá de un mal comienzo y perspectivas francamente desfavorables, la producción maicera reaccionó positivamente al mejoramiento de las condiciones climáticas generales sin sufrir estrés hídrico en las etapas críticas y apunta decididamente a acercarse, sin alcanzar desde ya, a la cosecha 2007/08.
Aunque se mantiene la incertidumbre y las cifras discrepan en mucho según la fuente, lo concreto es que los excesos hídricos que llegaron tarde y mal para el trigo y perjudicaron en parte a la soja, fueron altamente beneficiosos para el maíz y, allí sí existe coincidencia, superaría finalmente los 18 millones de toneladas de producción en la campaña 2009/10.
Para la Bolsa de Cereales de Buenos Aires “está claro que las favorables condiciones ambientales junto al óptimo estado reflejado por aquellos cuadros implantados tempranamente, habrían incentivado a no pocos productores a volcarse por la siembra de este cultivo”.
Una mano del clima
En sintonía, para los analistas de la Bolsa de Comercio de Rosario “las condiciones climáticas en pleno período crítico de maíz se asemejan (pero no igualan) a las del 2006/07, cuando se obtuvo una cosecha maicera cercana a los 22 millones de toneladas”.
Y especifican que para fines de enero último “una significativa porción de la cobertura maicera de la región pampeana se encuentra finalizando las etapas reproductivas sin limitaciones hídricas, con altos grados de desarrollo vegetativo y llenando de granos sin amenazas de plagas o enfermedades de consideración” excepto en sectores del norte de Córdoba y sudoeste de Buenos Aires.
Las coincidencias parecen agotarse en lo que respecta al volumen productivo, ya que mientras para la entidad porteña el área cultivada se ubicaría en los 2,36 millones de hectáreas, para la rosarina serían 2,84 millones -aunque esa discrepancia podría obedecer a la estimación del área que no entraría en el circuito comercial, de 465.000 hectáreas según los rosarinos-, difiriendo en el rinde medio a obtener: por sobre los 80 quintales por hectárea para la primera y 76 quintales para la segunda. Es obvio que aún no se pudo mensurar exactamente el efecto de las tan ansiadas lluvias.
Opinión de las bolsas
En cualquier caso, ya la siembra maicera concluyó y parece encaminarse, contra todas las perspectivas y el absoluto predominio de la soja, a un muy buen resultado final.
La Bolsa de Cereales de Buenos Aires afirma en su informe que “el estado general del cultivo mantiene una condición muy buena sobre gran parte del área nacional ya implantada; cuadros sembrados tempranamente sobre el Núcleo Norte, Núcleo Sur, Norte de La Pampa y Oeste de Buenos Aires transitan etapas de llenado de grano proyectando elevados promedios productivos”, mientras que “siembras tardías y de segunda aún vegetan o inician floración en muy buena condición”.
A su turno, la Bolsa de Comercio de Rosario indica que los rendimientos unitarios estimados se ubican en los 84 quintales por hectárea para Córdoba, 86 quintales para Buenos Aires, Santa Fe con una performance excelente de 91 quintales, 52 para La Pampa y 82 quintales para Entre Ríos.
En tanto, la soja sonríe
La entidad rosarina mantuvo la estimación productiva de soja en torno a los 50,8 millones de toneladas, con los lotes ingresando ya en las fases fenológicas críticas para la definición del rendimiento, que calcula en 27,5 quintales por hectárea. Aclara que, si bien los rindes promedios quedarán definidos durante todo el desarrollo del cultivo, “se prefirió ajustar el valor de tendencia ligeramente hacia arriba considerando la mayor participación de soja de primera” que se verifica en esta campaña con respecto al comportamiento histórico.
De hecho, enfatiza que tomando el promedio de cinco campañas “la ocupación con soja de segunda ha cubierto el 24 por ciento del área total, pero, con la caída de la superficie triguera en esta temporada 2009/10, esa superficie sería de sólo un 10 por ciento del total nacional”.
El nuevo cultivar Caleufú PV-INTA es resistente a royas y con alta producción de forrajes. Fue lograda por técnicos del INTA Pergamino y en mapuche significa “otra corriente”. Es de ciclo intermedio y se caracteriza por su elevada producción de forraje otoño-inverno-primavera, rápida implantación, alta producción de macollos, resistencia a royas y elevada producción de semilla. Caleufú es un cultivar tetraploide de polinización abierta, derivado del policruzamiento de familias selectas en Concepción del Uruguay y Pergamino, señala un trabajo realizado por Adriana Andrés del INTA Pergamino.
En estado vegetativo, las plantas de Caleufú tienen hojas de color verde claro y su ciclo de floración es 11 días más largo que el cultivar Isis INTA, al que también supera en peso con 1.000 semillas de 4,34 gramos.
Esta variedad se destaca por su producción de forraje: en Pergamino se registraron 9.450 kilos de materia seca por hectárea para el período abril-septiembre.
Esto lo posicionó en el segundo lugar en un ranking de 25 cultivares comerciales evaluados, con una media general de 8.735 kilos de materia seca por hectárea.
En cuanto a la producción animal, la ganancia de peso vivo individual varió entre 730 gramos por animal/día en octubre y 1.830 gramos por animal/día en agosto. La producción promedio lograda en el período agosto-octubre 2009 fue de 520,7 kilos de carne por hectárea.
El raigrás anual es una de las gramíneas forrajeras de mayor difusión en sistemas productivos de leche y de carne de diversas regiones argentinas, debido a su elevado potencial para producir forraje de calidad bajo diferentes condiciones de manejo. A partir de 1996, desde las estaciones experimentales de Pergamino y Concepción del Uruguay, el INTA conduce el programa de mejoramiento genético y evaluación agronómica de raigrás anual.